Con motivo de un artículo publicado hoy en La Prensa -que agregamos al final- reproducimos uno nuestro que publicamos hace tiempo, para confrontar datos y reflexiones que consideramos erróneas.
MALVINAS:
CAUSAS Y CONSECUENCIAS DE LA GUERRA
Con motivo de
celebrar este año el vigésimo cuarto aniversario de la gesta de Malvinas,
conviene difundir la verdad de lo ocurrido en la guerra y no dejar pasar
afirmaciones que inducen a la confusión o a la duda. Los errores y debilidades
propias deben ser reconocidos, pero no debe permitirse la diatriba ni la
calumnia sobre las reales motivaciones de una guerra que la Argentina no
provocó imprudentemente y que una vez desatada supo afrontar con entereza.
El tiempo
transcurrido y la multiplicidad de opiniones discordantes produce confusión y
lleva al desaliento. De allí la necesidad de un análisis integral, que revise
los conceptos vertidos por dirigentes que critican la decisión misma de ir a la
guerra:
-Morales Solá:
“Galtieri...imaginó que la ocupación militar de las islas Malvinas oxigenaría
el régimen y que él mismo podría proyectar una larga duración en el poder”.
-El Gral. Balza:
“fue un desatino” (Clarín, 2-4-98.
-Di Tella: “la
derrota en las Malvinas produjo la felicidad de la democracia”.
-Angeloz: “la
funesta idea de un general borracho” (junio 88, en campaña presidencial).
1) Comienzo de la
guerra: el incidente de las islas Georgias
Casi
simultáneamente con la asunción del General Galtieri, como Presidente de la
República Argentina, el embajador británico autorizó el viaje a las Georgias de
Sur del empresario argentino Davidoff, que contrató con la Compañía escocesa
Salvensen para desguazar una estación ballenera en esas islas. El contrato
molestó al gobernador Hunt, vinculado al Comité de las Islas Malvinas (lobby),
pues:
-en junio 82 la
Oficina Investigaciones Antárticas británica abandonaría las Georgias
(Gritviken)
-el único buque de
la marina, rompehielos Endurance, dejaría el área en mayo l982
-los obreros
argentinos con contrato hasta el 84 serían la única presencia en las islas.
Davidoff, habiendo
notificado a la embajada británica, salió el 16-12-81 en el rompehielos
Almirante Irizar para inspeccionar el lugar que debía desmantelar, llegando a
puerto Leith el 20-12 (Informe Franks, 161/259); allí inspeccionó las
estaciones balleneras, un dique seco abandonado, tanques, calderas, tuberías,
todo eso material recuperable para ser vendido como chatarra. El negocio era
apetecible; se estimaba que existían alrededor de 35.000 toneladas de hierro y
acero que podían arrojar un ingreso de 7 millones de libras, correspondiéndole
a Salvenson 115.000 como compensación. Es poco razonable pensar que un
comerciante como Davidoff arriesgaría la oportunidad de su vida, por cometer un
acto de provocación.
El 31 Hunt
recomendó iniciar un procedimiento contra Davidoff; la cancillería (Foreing
Office) respondió que no iniciara un procedimiento y si Davidoff solicitaba
autorización se le debía conceder. El 9-3 Davidoff informó a la embajada que 41
trabajadores viajarían (11-3) en el Bahía Buen Suceso, que era un transporte de
la Marina, dedicado a operaciones comerciales, y en el que no había personal
militar ni armas de guerra (llegaron el 19-3).
La segunda
cuestión a dilucidar es quién provocó el incidente que originó la guerra. El
gobernador de las Malvinas aseguró que los ingleses de la base científica se
enteraron de la presencia argentina al escuchar disparos de armas de fuego,
utilizadas para cazar renos, y que habían izado una bandera argentina. Si esto
fuera cierto, no cabría duda de que la provocación fue argentina. Sin embargo,
los obreros atestiguaron que cuando desembarcaron, ya ondeaba la bandera en el
lugar. Otra bandera que llevaban ellos, aún se encontraba a bordo del buque.
Pero ocurre que, según el diario de la agencia antártica británica, capturado
el 3-4 en Grytviken, fueron el día 18 de marzo a “buscar argentinos a Leith”,
lo que coincide con el hecho de haber encontrado el Bahía Buen Suceso a tres
ingleses, al arribar el buque.
Es evidente
entonces, que la bandera fue colocada por ellos. En el mismo diario citado,
figura esta frase: “Al fin se va el Isatis (yate francés) que volvió ayer
puesto que los helicópteros del Endurance lo sobrevolaron para chequearlo. Los
otros franceses se están convirtiendo en una peste, ya están disparando sus
rifles en Grytviken y matando ciervos. Estamos disgustados y no podemos
expresar la animadversión general que provocan sin recurrir a malas palabras.
Digamos que no están actuando con propiedad” (17/3/82). [1]
Fueron, por lo
tanto, dichos franceses los que dispararon y no los argentinos, y no existió
por parte de las autoridades nacionales intención de comenzar la guerra.Mientras
tanto, el 21 zarpó el Endurance, embarcando 21 infantes de marina, y el
comandante de la base británica informó a los trabajadores que su presencia era
ilegal, pues no habían sellado las tarjetas blancas (Acuerdo de
Comunicaciones/71). Desde el día 23 el Endurance estaba anclado en Grytviken, a
las espera de órdenes. El Canciller argentino, Dr. Costa Méndez, pidió que la
expulsión se revocara si Davidoff ordenaba a sus empleados completar la
formalidad de ir hasta Gritviken y hacer sellar las tarjetas. El embajador
estuvo de acuerdo, pero Hunt sostuvo que las Georgias no estaban incluidas en
el acuerdo de 1971 y que debían sellarse los pasaportes. Costa Méndez respondió
al embajador el 28 que los trabajadores deben permanecer en Georgias pues se
les ha otorgado la documentación idónea. También insistió en que las Georgias
estaban explícitamente comprendidas en el Acuerdo de 1971, cosa que los
británicos habían reconocido en la reunión de Nueva York celebrada un mes
atrás.
Cabe destacar que
la presencia de estos argentinos no representaba ninguna amenaza: primero,
porque no eran militares, y la segunda porque en Georgias no había población,
sólo estaba en personal de investigaciones antárticas y en otra zona. Fueron
los propios británicos quienes convirtieron el asunto de las Georgias en un
incidente.
El 29, la primera
ministra Margaret Thatcher y decidió el envío de un submarino nuclear a la zona
de conflicto. El 30 la situación comienza a descontrolarse; en Londres el
ministerio de Defensa decide duplicar el numero de infantes de marina de la
guarnición de Malvinas, y confirma la orden de enviar un segundo submarino
nuclear. Ese mismo día el embajador recibió un mensaje para el Canciller que
procuraba solucionar el conflicto, pero el embajador sugirió que se retuviera
el mensaje un par de días esperando la reacción de Estados Unidos, y fue
entregado recién a la tarde del 31, esas 24 horas fueron decisivas pues esa
misma noche un informe de inteligencia indicaba al gobierno ingles que se había
fijado el 2 de abril para iniciar operaciones bélicas. Ante tanta precisión en
la información, puede deducirse que ya contaban con los datos satelitales
norteamericanos.
2) Causas
Se ha sostenido
reiteradamente que las Fuerzas Armadas llevaron al país a la guerra por una
necesidad de mejorar su imagen y mantenerse en el poder. Recordemos, sin
embargo, que Galtieri asume el 22-12-81, cuando la Multipartidaria ya estaba
formada, pues se habían previsto las elecciones y entrega del poder en marzo de
1984. Si hubiera sido una decisión arbitraria, no se explica la reacción de la
opinión pública que, según encuesta de Gallup (Clarín, 1-5-82), en un 90 %
apoyaba la defensa de Malvinas por la fuerza. También la Multipartidaria
manifiesta (10-4) total respaldo al gobierno.
El propio Dr.
Angeloz, que más tarde emitió la crítica que señalamos, el mismo 2 de abril
afirmaba en un comunicado con su firma: “Hace a su hidalguía en esta
oportunidad manifestar su solidaridad y su argentina complacencia por la
recuperación de las islas Malvinas y las Georgias del Sur” (La Nación,
29-7-88). Asimismo, la Comisión coordinadora de la colectividad británica apoya
al gobierno, “que siempre se ha identificado con buscar una solución pacifica
al diferendo sobre las Malvinas”. Por su parte, Ernesto Sábato, declaraba en
Radio Nacional de España: “No se engañen en Europa. No es una dictadura la que
lucha por Malvinas, es la nación entera” (Busser, 261).
En cambio, en
Inglaterra, la situación era la siguiente. El partido Conservador, en el
gobierno, tenía 75 % de imagen negativa. La Marina Real, había quedado en
situación de inferioridad, pues al obtener de EU el sistema misilítico Trident,
en reemplazo al Polaris, era condicionada en la OTAN al combate antisubmarino.
Estaba vendido el portaaviones Invencible, y el buque Endurance dejaba el
Atlántico sur. Debe computarse, asimismo, la actitud del Gobernador Hunt y del
lobby Falklands, que presionaban por una actitud enérgica contra la
Argentina.Tengamos en cuenta que el 30 de marzo, el encargado de negocios
argentino en Londres, informó que la televisión inglesa dio la noticia del
envío de 2 submarinos nucleares clase Hunter Killer; uno de ellos había zarpado
el 25 desde Gibraltar (noticia confirmada por el New York Times), y que
interpretaba que el gobierno había optado por un endurecimiento frente al caso
Georgias. A su vez, en el informe Franks (230), se incluye una evaluación al
30 de marzo, estimando que el desembarco en Georgias no había sido planificado
por el Gobierno argentino.
No cabe dudas entonces
que la decisión de llegar al enfrentamiento bélico surge de la actitud
británica, artificialmente intransigente. El gobierno argentino no podía
aceptar las exigencias de desalojar a los obreros de Davidoff que estaban
cumpliendo un contrato legalmente formulado, ni obligarlos a presentar sus
pasaportes, pues:
-estaban en un
territorio en disputa
-se habían
cumplido todas las formalidades establecidas
-admitir el uso de
pasaportes era aceptar la pretensión británica de soberanía sobre las islas
Georgias.
Si nuestro país
hubiera tolerado el desalojo por la fuerza, o hubiera accedido a evacuar a los
obreros bajo amenaza, o hubiera aceptado el visado de pasaportes, ello habría
significado una verdadera abdicación del derecho de soberanía sobre el Atlántico
sur, por aplicación de la doctrina conocida como “stopell” (reconocimiento
tácito de derechos).Ya no había alternativa válida para la Argentina.
3) Justificación
La decisión de ir
a la guerra no fue sorpresiva ni caprichosa, se produjo un agravamiento
progresivo que la hizo inevitable. Durante muchos años nuestro país se prestó a
las negociaciones; el agosto de 1968 el Reino Unido en un memorandum llegó a
afirmar que reconocería la soberanía argentina en fecha a convenir. En 1971 se
firma el Convenio de Comunicaciones. En junio de 74 embajador ingles a
cancillería manifiesta la disposición a compartir la soberanía, opción que el
presidente Peron estaba dispuesto a aceptar.Pero en 1975 se produce un cambio
de actitud, debido al informe Grifith que revelaba la existencia de cuencas
petrolíferas en el área Malvinas.
En 1976,
unilateralmente, Gran Bretaña envía la misión Shackleton de exploración, que
provoca la reacción de la Cancillería el 2-1-76 (gobierno constitucional: Sra.
de Perón): advirtiendo que “su gobierno, juntamente con las FFAA...actuaran si
precipitación, pero con toda la persistencia, la prudencia y la energía que
sean necesarias para lograr justicia.” El 13 se produce el retiro de
embajadores y el 4-2 el destructor Storni efectúa disparos de advertencia. Ya
durante el gobierno militar, y ante la ausencia de avances diplomáticos, el
gobierno. propone (1-3-82) reuniones mensuales, advirtiendo que desea una
pronta solución y que mantiene el derecho a elegir libremente el procedimiento
que mejor consulte a sus intereses.
Por lo tanto,
cuando se produce el incidente de las Georgias, la Argentina se vio obligada a
ejercer el derecho a la legítima defensa, previsto en la Carta de las NU, art.
51, en caso de ataque armado, hasta tanto el Consejo de Seguridad tome las
medidas adecuadas para mantener la paz. El Fiscal de la Cámara Federal, que
juzgó a los Comandantes en Jefe, afirmó que: “La Argentina, pues, no agredió,
fue agredida”; concepto ratificado por la Cámara en su pronunciamiento.
También el
Catecismo de la Iglesia Católica (p. 2308) reconoce que una vez agotados todos
los medios de acuerdo pacífico no se podrá negar a los gobiernos el derecho de
legítima defensa, si bien detalla varios requisitos. En este caso -como ha
demostrado el filósofo Caturelli- se dieron todos los requisitos para
considerarla una guerra justa (CIC 2309).
El plan no fue
irracional.
Como es normal en
todas las fuerzas armadas, en base a las hipótesis de conflicto, el Estado
Mayor prepara planes para el caso de tener que utilizar la fuerza. Por ejemplo
GB tenía ya en setiembre/81 su Plan de Contingencia para el caso de la
Argentina optara por la vía militar. En ese plan se estimaba que el tiempo de
navegación de la flota sería de 20 días, con el inconveniente que el envío de
la flota podía provocar o precipitar la acción que se quería disuadir: eso fue
exactamente lo que ocurrió. La Junta Militar argentina, el 23-3 analizó los
estudios efectuados por una Comisión de Trabajo formada por el General Gracia,
Almirante Lombardo y Brigadier Plessl, designada en el mes de enero, aprobando
un Plan de Campaña tentativo, aunque no se fijaba ninguna fecha. Recién el 30-3
ante el ataque inminente, se fijó el día D para el 2-4.
El propósito de
ocupar las islas no era el de iniciar una escalada bélica, por el contrario, se
buscaba forzar a una negociación seria, y en caso de surgir un gesto de buena
voluntad antes de la ocupación se anularía la operación. La misma debía ser
incruenta, y una vez finalizada, quedaría en las islas una pequeña
guarnición.Se preveía que las negociaciones tendrían el apoyo de las Naciones
Unidas y de Estados Unidos; esto último no era una suposición ingenua: en la
noche misma del 2-4 hubo una cena en la embajada argentina en Washington, a la
que asistieron la embajadora Kirkpatrich, la plana mayor de la secretaría de
Estado, y jefes militares, a tal punto que el embajador británico dijo que era
un agravio para su país.Con respecto a la posibilidad de que las NU exigieran
un acuerdo, había varios antecedentes; el más relevante fue la ocupación por
Nasser (Egipto) del Canal de Suez, en 1956, presionando el organismo
internacional para que Gran Bretaña y Francia no atacaran a Egipto, que desde
entonces quedó con el canal.Otro antecedente destacable es que en diciembre de
1976, 6 años antes de la guerra, la marina instaló un observatorio en las islas
Thule (Sandwich), y GB sólo envió una nota de protesta, sin tomar ninguna otra
medida.
4) Resultado
No era inevitable
la derrota. Según el Instituto de Estudios Estratégicos de Londres, hasta el 13
abril, la argentina tuvo posibilidad de triunfo. Cambia el panorama, por la
ayuda de EEUU. Aun así, los ingleses sufrieron las pérdidas más grandes desde
la 2da. guerra. Debe entenderse que el conflicto era político, y no se
pretendía una confrontación total, por eso era posible para la Argentina lograr
el objetivo que se había fijado. Además, era una obligación patriótica actuar
en defensa de los intereses nacionales.
En el fallo de la
Cámara Federal que juzgó a los Comandantes, en noviembre de 1988, se reconoce
que: “Asiste razón a las defensas cuando sostiene los mezquino que puede
resultar vincular la decisión de participar en un combate evaluando previamente
la entidad del contrincante. La necesidad política de responder a las
agresiones que afectan la subsistencia del Estado, pasa por el imperioso deber
de asegurar la respuesta al avance del enemigo.” La guerra terminó cuando el
Gral. Menéndez, gobernador de Malvinas, firma el Acta de Rendición ante el
Gral. Moore; antes de firmar, tachó la palabra incondicional que figuraba en el
texto, y recién firmó. La verdadera rendición incondicional fue posterior, y
decidida por gobiernos constitucionales.
5) Consecuencias
Es falso que la
guerra perjudicó los derechos argentinos. En noviembre de 1982, la Asamblea
General de NU, por resol. 37/9, declaró:
-el mantenimiento
de la situación colonial en Malvinas es incompatible con los ideales de las NU;
-reafirma la
necesidad de respetar los intereses de los habitantes (no de los deseos);
-pide reanudación
de negociaciones por la soberanía.
Esta resolución
fue aprobada con el voto de EEUU y reiterada en 1983. En 1990 (20-10) la Unión
Interparlamentaria Mundial, con delegados de 112 piases, consideró a la
cuestión Malvinas una situación colonial. En 1996, la cumbre de Presidentes del
Mercosur respaldó a la Argentina, y en 1998, también la OEA manifiesta su
respaldo en la reunión de Lima. Por su parte, en el informe Kershaw, elaborado
por iniciativa del Parlamento británico, en 1983, se reconoce que: “problemas
sustanciales diplomáticos, militares, financieros y económicos, seguirán
enfrentando a GB y las islas Falklands a menos o hasta que se logre un acuerdo
negociado de la disputa con la República Argentina”. El mismo informe reconoce
que “el peso de la evidencia es mas favorable al título argentino”.
La Constitución
Nacional, en la reforma de 1994, en su Primera disposición transitoria,
ratifica para la Argentina su legítima e imprescriptible soberanía sobre las
islas, y que la recuperación es un objetivo permanente e irrenunciable del
pueblo argentino.
6) Verdadera
rendición
Es debida a una
actitud política y cultural de una parte considerable de la dirigencia
argentina, que no ha vacilado en efectuar propuestas incompatibles con la
Constitución Nacional:
-Escudé: reconocer
a los kelpers el derecho de autodeterminación, con soberanía compartida en el
mar (Clarín, 2-7-92).
-Menem: soberanía
compartida, “que flamee la bandera argentina en las islas, por ejemplo, con la
bandera inglesa, ya es un paso adelante” (Nac, 30-12-96).
-Di Tella:
conviene adoptar el modelo Hong Kong (Nac, 22-9-89).
-Vanossi: Estado
confederado a la Argentina con derecho a secesión (Nac, 27-7-93).
La rendición
diplomática se instrumentó con dos tratados, aceptados por el gobierno del
presidente Carlos Menem, sobre la base de la fórmula del paraguas, consistente
en postergar indefinidamente el debate sobre la soberanía de las islas,
mientras se acuerdan cuestiones económicas, que sólo benefician a Gran Bretaña.
Por ello afirmaba el profesor Ricardo Paz, que el paraguas es un instrumento
aceptado por las autoridades argentinas para facilitar a los ingleses el goce
pacífico de la usurpación.
Por el primer
tratado, de febrero de 1990, celebrado en Madrid, ambos países decidieron
restablecer relaciones diplomáticas. Gran Bretaña dispuso cancelar la llamada
Zona de Protección militar, en torno a las islas, pero reemplazarla por un
sistema de información entre las Fuerzas Armadas, en un área similar a la
anterior, y pese a declararse haber cesado las hostilidades. Como única
explicación para tamaña concesión, el entonces canciller, Dr. Cavallo, declaró
en la Cámara de Diputados (29-3--90): “hubo una guerra y la Argentina la
perdió”. El profesor Baquero Lazcano calificó, por eso, a este tratado de
rendición incondicional.
El segundo
tratado, fue celebrado en setiembre de 1995, en Nueva York, y es un acuerdo
sobre hidrocarburos en la zona de Malvinas. Establece una zona de 21.000 km2,
donde las regalías petroleras serían a partes iguales (6 % para cada país); en
la superficie restante (40.000 km2), el beneficio no será equitativo: 3 % para
Argentina, 9 % para Gran Bretaña. Estos datos no están consignados con
claridad, sino que surgen de la interpretación efectuada por los especialistas,
ya que el Canciller Di Tella manifestó cripticamente que el tratado incluía:
cosas escritas, cosas no escritas, y cosas deseadas. Lo escrito es un tratado,
al igual que el de Madrid, aunque en ambos casos se los haya denominado
declaraciones, para eludir la aprobación del Congreso.
El acuerdo
petrolero contiene una trampa, iniciada en el tratado de Madrid, donde se
incluyó un mapa de la Zona de Conservación Pesquera, de 150 millas en torno de
las islas, fijada unilateralmente por Gran Bretaña. En ese mapa aparece un
segmento recortado que fija de hecho una delimitación marítima entre Estados
colindantes. En el segundo tratado, esta línea media indica las dos áreas
especiales creadas para la explotación de hidrocarburos, configurando un
stopell -reconocimiento indirecto de derechos-, que implica cerrar el paraguas
y admitir tácitamente la soberanía británica sobre las islas, limitándose la
Argentina a aceptar una parte de los beneficios económicos derivados de la
explotación del petróleo en el Atlántico sur.
7) Situación
actual
La mejora en lo
que respecta a Malvinas dependerá de dos factores: patriotismo y eficiencia. El
patriotismo no es un simple sentimiento, es una actitud racional y moral de
defensa integral de lo propio. Es preciso, también, el estudio sistemático y
profundo de los problemas nacionales, desde una actitud patriótica.
Lamentablemente, en la política exterior argentina, han estado ausente en las
últimas décadas, tanto la eficiencia profesional como el patriotismo. Una de
las acciones pacíficas que recomiendan los expertos es solicitar a la Corte
Internacional de Justicia una opinión consultiva sobre la obligación del Reino
Unido de negociar la controversia por la soberanía, cumpliendo la reiterada
exhortación efectuada por la Asamblea General de las Naciones Unidas.
En última
instancia, siempre es cierto lo que afirmaba Juan Pablo II: “Un pueblo es débil
si acepta su derrota y si olvida el mandato de estar despierto cuando llegue su
hora”.
30-4-06 [Boletín Acción, 90]
[1] Virginia
Gamba: “El Peón de la Reina”, Buenos Aires, Sudamericana, 1984, pág. 124-133.
Bibliografía
-Franks, Honorable
Lord. “El servicio secreto británico y la guerra de las Malvinas”; Mar Dulce,
1985, 157 pgs.
-Ceron, Sergio.
“Malvinas: gesta heróica o derrota vergonzosa?”; Sudamericana, 1984, 344 pgs.
-Gamba, Virginia.
“El peón de la Reina”; Sudamericana, 1984, 207 pgs.
-Busser, Carlos. “Malvinas,
la guerra inconclusa”; Fernandez Reguera, 1987, 462 pgs.
-Costa Méndez,
Nicanor. “Malvinas: esta es la historia”; Sudamericana, 1993, 334 pgs.
-AAVV. “Malvinas
hacia el futuro”; Revista Militar, Nº 742, Enero/marzo 1998.
-De Vita, Alberto.
“Malvinas/82, cómo y por qué”; Instituto de Publicaciones Navales, 1994, 271
pgs.
-Mayorga, Horacio.
“No vencidos”; Planeta, 1998, 382 pgs.-Silenzi de Stagni, Adolfo. “Política
petrolera y la cuenca Marina Austral”; Centro de Estudios Gral. Mosconi, 1981,
pgs. 2/3.
-Lanus,
Archibaldo. “De Chapultepec al Beagle”; Hyspamérica, T. II, 1986, pg. 202.
-Pinto, Mónica.
“Islas Malvinas/Falkland, Georgias y Sandwich del Sur: algunas consideraciones
relativas a los hidrocarburos”; en: Boron-Fandez (comp.). “Malvinas hoy: herencia
de un conflicto”; Puntosur, 1989, pg. 138.
-Rizzo Romano,
Alfredo. Revista Línea, marzo/1990, pg. 37.
......................
La Guerra por
Malvinas: el Secreto Final
Por Carlos E.
Viana *
La Prensa,
20.09.2026
“La guerra había
sido un asunto lamentable, pero conveniente para el reino”, le dijo Margaret
Thatcher al Capitán de Fragata, I.M. Diego García Quiroga; segundo del Capitán
de Corbeta Pedro Giachino, en la reconquista de Malvinas en 1982. Las mismas
nos crean un gran interrogante sobre los motivos de la Guerra por las islas,
que desconocemos o se ocultan.
Aumenta nuestra
perplejidad, lo declarado por el General Alexander Haig, Secretario de Estado
de la Unión: “El ejército y la Fuerza Aérea , … eran mas razonables … El
representante de la Armada siempre era el mas rígido. Una vez me dijo, vamos a
pelear y vamos a ganar”. No sabemos que almirantes bloquearon así, un acuerdo
favorable a Argentina, donde por primera vez Gran Bretaña aceptaba negociar la
soberanía.
No deja de
sorprendernos, la presión de Haig sobre Margaret Thatcher y la intransigencia
de ella, para negociar la soberanía sobre las islas. Ella reaccionó
airadamente: “… recuerdo haber preguntado a Haig, si un ladrón se hubiera
llevado todas sus posesiones, consideraría que tendría que negociar con él,
sobre como tenía derecho a quedarse?”. Haig se sorprendió por la cerrada
intransigencia de la Primer Ministra.
Observando los
hechos, trataremos de develar estos interrogantes.
DIFICIL SITUACION
POLITICA DE THATCHER EN GRAN BRETAÑA
En 1979, Thatcher
al frente del Partido Conservador, había ganado las elecciones por un 43,87 %
de los votos, dominando la Cámara de los Comunes.
La primer ministra
comenzó inmediatamente la reforma de un estado sobredimensionado y un
sindicalismo con poderes policiales, que habían puesto al victorioso Reino
Unido; en la segunda guerra mundial; detrás de su derrotado enemigo germano, el
cual había seguido las políticas económicas liberales de Ludwig Ethard.
La drástica
revolución liberal, que emprendió Thatcher, desató una crisis que en un primer
momento aumentó la desocupación al 31%, peor que en la de 1929. Su popularidad
cayó al 24%. Hubo motines en algunas ciudades. Alrededor de 25 miembros
conservadores de los comunes, los “Wets” (Húmedos, moderados), votaron junto a
los laboristas, contra las leyes propuestas por Thatcher. La oposición también
se dio en el gabinete, que debió ser reformado.
En el Congreso del
Partido Conservador celebrado en Blackpool, del 12 al 15 de octubre de 1981,
Thatcher intentó obtener apoyo unido de su Partido, pero fracasó y su drástica
política liberal, necesitaba tiempo para obtener el éxito que finalmente logró.
En las elecciones
de junio de 1983, Thatcher obtuvo un triunfo electoral mayor, alcanzando 400
escaños en la Camara de los Comunes, con una mayoría de 144 asientos sobre 41
que había obtenido en 1979 ¿Cómo Thatcher obtuvo ese puente de tiempo?
UNA CRISIS
PARALELA EN ARGENTINA
En octubre había
sido el Congreso de Blackpool y dos meses
y medio después, en diciembre de
1981, la Junta Militar Argentina desplazó al General Viola de la Presidencia,
asumiendo la misma el general Galtieri. La presidencia de Viola, había sido un
obstáculo para las aspiraciones presidenciales del Almirante Massera, ex
comandante de la Armada, en un momento en que la Junta Militar, buscaba una
salida electoral, que restableciera un gobierno constitucional. La Armada apoyo
la destitución de Viola, con la condición que se recuperaran las Malvinas,
diplomáticamente o en su defecto por la fuerza.
Es importante
remarcar, que los almirantes de la
Armada habían sido promovidos por su último comandante en jefe, el Almirante
Massera, quien mantenía su influencia decisiva en esta arma.
Volviendo al tema
central, se emprendieron negociaciones con el Reino Unido, pero el 28 de
diciembre de 1981, las delegaciones de ambas naciones, dieron un comunicado,
diciendo que continuarían las negociaciones. El gobierno británico había dado
una esperanza, que postergaba indefinidamente. ¿Buscaba una reacción del
gobierno argentino?
Ante el
estancamiento de las negociaciones, el primero de marzo de 1982, el canciller
argentino, Costa Méndez, dio un
comunicado expresando, que si no se negociaba con plazos sobre la soberanía de
las islas, “la Argentina mantiene el derecho de poner término, al
funcionamiento de este mecanismo y de elegir el procedimiento que mejor
consulte a sus intereses”. Fue una amenaza. ¿Podía interpretarlo de otra manera
el gobierno de la hábil y nacionalista Thatcher?
VOLVER A LA
ALIANZA CON ESTADOS UNIDOS
Mientras tanto, la
Junta Militar, avanzó en el restablecimiento de la alianza con Estados Unidos,
que se habían deteriorado por las sanciones del presidente Carter, y el acuerdo
Argentino-URSS, “Trigo por Paz” (1987), que puso fin a la Guerra Fría en el
territorio nacional.
La nueva Junta
Militar, volvió a alinearse con los Estados Unidos, enviando asesores
militares, para enfrentar la guerrilla comunista en Centro América. Se buscaba
el apoyo del gobierno de Ronald Reagan, para la recuperación de Malvinas.
INTERES
ESTRATEGICO DE LOS EE.UU.
Estados Unidos
tenía y todavía tiene, un vacío estratégico en el Atlántico Sur, con proyección
sobre Magallanes, el pasaje de Drake y la Antártida. Necesitaba y necesita, una
base aeronaval en la región. El lugar ideal, las islas Malvinas, si Argentina
recupera la soberanía, ya que no irritaría el nacionalismo. De allí su
propuesta de las tres banderas y la administración tripartita mientras se
negocia la soberanía.
SECRETO
INGUARDABLE
Suspendidas las
negociaciones, sin haber podido tratar el tema de la soberanía, el General
Galtieri, acordó con el Almirante Anaya, optar por la recuperación militar de
las islas. El Almirante habría persuadido de esto al Brigadier Lami Dozo. La
planificación de la operación militar, debía guardarse en el más estricto
secreto ¿Era posible hacerlo?.
Para planificar
las operaciones, debían recurrir al servicio de Inteligencia de la Armada,
comunicarlo al jefe del 5° Ejercito, de la región sur, explorar las zonas de
desembarco y preparar las unidades de combate. No se tuvo en cuenta que el MI 6
(inteligencia británica) y la inteligencia de la Armada Real, se contaban entre
las mejores del mundo y estaban
infiltrados en Argentina.
El 17 de marzo, el
buque de la Armada Bahía Buen Suceso, desembarcó cuarenta obreros para
desmantelar la planta ballenera que había comprado el empresario Davidoff, pero
también desembarcaron catorce infantes de marina argentinos camuflados, que
izaron la bandera Argentina.
Hacia el 20 de
marzo otro navío de la Armada Argentina,el Bahía Paraíso, navegaba a la misma
isla, con otra dotación de infantes de marina y el rompehielos Almirante
Irizar, hizo lo mismo. Tres navíos de la Armada Argentina, navegaban hacia las
Georgias y el gobierno de Margaret Thatcher lo único que hizo fue enviar a
estas islas, al rompehielos Endurance, que dejó desguarnecido a Puerto
Argentino, con solo 85 Royal Marines para defenderlo.
El plan de
Reconquista, contemplaba priorizar, que no hubiera bajas británicas, tomar
Puerto Argentino, dejar una fuerza policial de unos 50 hombres y retirarse para
negociar. La operación bajo el mando del
Almirante Carlos Büsser, fue brillante, pero este héroe, en 2012 murió en prisión.
Thatcher, “despertó inocentemente sorprendida”.
DOS INTRANSIGENTES
El 1° de mayo, en
medio de las negociaciones de paz promovidas por el presidente peruano Belaunde
Terry, Thatcher ordenó el ccontraataque
británico sobre Malvinas, que fracasó, pero el 2 de mayo ordenó, el hundimiento
del crucero General Belgrano, que navegaba incautamente, fuera de la zona de
exclusión impuesta por el enemigo británico, provocando la muerte de 323
marinos argentinos. Esta fue la razón o quizás excusa del almirantazgo
argentino, para rechazar la nueva
propuesta de paz impuesta a Thatcher por Reagan, que había sido aprobada por el
General Galtieri, el Brigadier Lami Dozo e incluso el Almirante Anaya. Este
rechazo fue hecho a pesar que los británicos dominaban el mar con sus
submarinos nucleares y mantenían una superioridad aérea con sus dos portaviones
y helicópteros. Mientras nuestra Fuerza Aérea obtenía éxitos heroicos, pero con
un desgaste de vidas y material, que no sería sustentable a largo plazo.
LA AMENAZA
SOVIETICA SOBRE EUROPA
Leonid Brézhnev,
desde la Unión Soviética, amenazaba a Europa occidental con sus misiles SS 20
binucleares, sus tanques y sus agitadores que despertaban el terror nuclear en
la población. La única aliada incondicional que tenía Reagan en Europa, fue
Margaret Thatcher. Ante el fracaso de la diplomacia no tuvo opción, debió
apoyarla logísticamente.
La resistencia de
las tropas argentinas fue heroica, pero la superioridad militar británica con
el material estadounidense se impuso.
La guerra y la
victoria, despertó el nacionalismo imperial británico y Margaret Thatcher
recupero su popularidad como lo probó su
gran victoria electoral en junio de 1983, Había logrado tender el puente de
tiempo con la guerra de Malvinas.
Posteriormente, el
Almirante Anaya declaró acerca de la guerra de Malvinas: “Fue una maniobra
tramada por Gran Bretaña. Ellos forzaron la guerra. Nos pusieron en un callejón
sin salida”.
LAS RESPUESTAS
Los interrogantes
con los cuales comenzamos, tienen repuesta. “Un asunto lamentable pero
conveniente para el Reino”, gracias al cual Thatcher llevó a cabo su plan
económico.
Reagan no obtuvo
su base en Malvinas, porque su apoyo a Argentina en la negociación fracasó y la
Guerra Fría lo llevo a apoyar logísticamente a Thatcher, la intransigencia de
algunos almirantes argentinos, nos dejan con dudas.
A propósito del
patriótico planteo por Malvinas del Presidente Milei, debemos agregar que es un
contrasentido que héroes de Malvinas permanezcan prisioneros. Citando a Talleyrand,
podemos decir: “Peor que un crimen es un error”. Ellos, deben ser indultados
con todos los honores.
* Doctor en
Política y Gobierno (UCC), politólogo, periodista y profesor universitario.