miércoles, 18 de marzo de 2026
martes, 17 de marzo de 2026
CUERPOS SOCIALES INTERMEDIOS
IX Conferencia
Nacional sobre Santo Tomás y la SDC
Observatorio Van
Thuan
La Doctrina Social
de la Iglesia ha mantenido, desde sus orígenes, una conexión fundamental con la
filosofía y la teología de Santo Tomás de Aquino. Es decir, resulta imposible
concebir la Doctrina Social al margen del realismo epistemológico-metafísico
del que Aquino es el máximo exponente.
La DSI se basa en
las categorías morales, políticas y jurídicas de Santo Tomás y de la
escolástica tomista, categorías y conceptos que el Magisterio ha reconocido
como expresivos de una verdad natural-sobrenatural perenne y que ha hecho
suyos, elevándolos al patrimonio de la doctrina católica.
Con esta
convicción, el Papa León XIII, Papa de Rerum Novarum y considerado fundador de
la DSI, identificó a Santo Tomás de Aquino como el maestro de la filosofía y la
teología en la Iglesia, dando así un nuevo impulso al estudio de sus obras.
Esto dio origen al gran fenómeno cultural del neotomismo de los siglos XIX y
XX.
Sin embargo, en
los últimos sesenta años hemos presenciado un distanciamiento cada vez más
marcado de la teología y la cultura católicas en general con respecto al
pensamiento del Doctor de la Iglesia y a la filosofía-teología tomista. Esto ha
tenido enormes repercusiones negativas, incluso en la Doctrina Social Católica.
Consciente de ello
y deseando contribuir a la restauración de la Doctrina Social de la Iglesia
(DSI) en toda su coherencia doctrinal, el Observatorio Van Thuan, junto con la
Sociedad Internacional Tomás de Aquino, el Instituto del Verbo Encarnado y la
Academia Gustav-Siewerth, ha puesto en marcha la serie de conferencias «Santo
Tomás y la Doctrina Social de la Iglesia» para (re)fundar, año tras año, un
tema de doctrina social sobre la base sólida del pensamiento tomista.
En su novena
edición, la conferencia "Santo Tomás y la doctrina social de la
Iglesia" se celebrará este año en la ciudad de Udine y se centrará en el
tema de los cuerpos sociales intermedios.
La 9ª conferencia
"Santo Tomás y la Doctrina Social de la Iglesia" se celebrará el
sábado 11 de abril en el Centro Culturale delle Grazie de Udine, de 10:00 a
17:00 horas. También habrá oportunidad de disfrutar de un almuerzo con los
distinguidos ponentes. Cinco presentaciones entre la mañana y la tarde a cargo
de cinco renombrados intelectuales: el profesor Giovanni Turco , filósofo del
derecho y uno de los principales expertos en el pensamiento de Aquino, miembro
de la Academia Pontificia de Santo Tomás; el profesor Danilo Castellano ,
filósofo político y antiguo decano de la Facultad de Derecho de Udine, así como
miembro de la Academia Española; el profesor Padre Arturo Ruiz Freites IVE,
sacerdote y teólogo y vicerrector de la Gustav-Siewerth-Akademie; el abogado
Rudi Di Marco , jurista y filósofo del derecho y experto en estudios
biojurídicos; y el profesor Miguel Ayuso Torres, exmagistrado del Tribunal
Supremo del Reino de España, jurista y filósofo del derecho y expresidente de
la Unión Internacional de Juristas Católicos.
El tema elegido
este año —las instituciones sociales intermedias— reviste una importancia
fundamental para comprender la sociedad civil desde una perspectiva
cristiano-clásica, es decir, según el orden natural de la justicia. La
concepción tomista-tomasiana de la sociabilidad humana difiere radicalmente de
las ideológicas de la modernidad, ya sean liberales, socialistas, anarquistas o
estatistas. Por ello, resulta necesario redescubrir la enseñanza de Santo Tomás
y el pensamiento social cristiano-clásico para reflexionar sobre la sociedad
desde una perspectiva católica.
La conferencia
está abierta a todos, pero está especialmente dirigida a quienes estén
interesados en reflexionar sobre la vida social y política desde una
perspectiva católica. ¡Una alternativa radical a las ideologías de la
modernidad!
Don Samuele
Cecotti
lunes, 16 de marzo de 2026
CONFERENCIA
El Centro de Estudios Cívicos, en su ciclo de conferencias, ofrecerá una disertación y debate sobre "Dilemas éticos de la guerra antisubversiva". Se realizará en nuestra sede, el martes 24 de marzo, desde las 10 horas.
sábado, 14 de marzo de 2026
jueves, 12 de marzo de 2026
CICLO DE CONFERENCIAS 2026
El
Centro de Estudios Cívicos Fabiela
Meneghini, inició sus actividades del año el 5 de marzo, con motivo de
cumplir ese día 45 años de actividad ininterrumpida desde su fundación el
5-3-1981. En esa oportunidad, comenzó el Ciclo de Conferencias 2026, con la
disertación de Héctor Giuliano, el mayor experto en deuda pública, que viajó
desde Buenos Aires especialmente para compartir con nosotros los datos sobre
este grave problema argentino.
El
día 24, a las 10 horas, expondrá Mario Meneghini sobre “Dilemas éticos de la
guerra antisubversiva”.
martes, 3 de marzo de 2026
EL SENTIDO
por el que somos Hijos de Dios
Por: Carlos Prosperi
INFOVATICANA | 01 marzo, 2026
Para Santo Tomás de Aquino, la temática sobre la filiación del hombre con Dios tiene matices importantes. No es posible resolverla con una simple afirmación o negación, sino que distingue tres niveles bien definidos en el modo en que podemos predicar dicha filiación de Dios.
Según el Doctor Angélico, todos los seres tienen una relación especial con Dios, ya que, como Creador de todo el universo, tiene un amor especial por todas sus criaturas. Sin embargo, solamente los seres racionales pueden llamarse propiamente “hijos”, y esto ocurre en grados distintos.
Al decir seres racionales no se refiere simplemente a la capacidad de razonar, en cuanto a seguir procedimientos lógicos para llegar a determinadas conclusiones, sino a ser participantes del Logos divino.
En efecto, cuando Aristóteles define al hombre como “animal racional” no se refiere a la inteligencia simplemente racional oa los sentimientos, que también están presentes en muchos otros animales, sino a la participación con el Logos, que significa mucho más que solamente razón o palabra, y por eso usa en su Metafísica los términos griegos “ ζῷον λογικόν” (zoon logik ón), implicando un ser viviente dotado de alma, razonamiento, palabra y pensamiento lógico trascendental, y además capaz de conectarse intelectual y amorosamente con su Creador. También San Juan al comienzo de su evangelio (Jn 1,1) usa el término Logos cuando dice que “En el principio era el Verbo” ( Ἐν ἀρχῇ ἦν ὁ Λόγος).
Este concepto coincide plenamente con el Génesis cuando se explica que el hombre es imagen de Dios (Imago Dei). La expresión “a imagen y semejanza” (Gn 1,26-27) no es una redundancia, sino que significa que el hombre como imagen es un espejo que refleja a Dios, pero a su vez, mediante la gracia, tiende a una mayor semejanza progresiva a medida que se acerca a la santidad. Así lo explica San Buenaventura en su obra Itinerario de la mente a Dios.
“Los dioses no son Dios”
La corta frase de este título se atribuye a Benedicto XVI y sintetiza una gran verdad en pocas palabras. Es común hablar de “los dioses” en general, como si todos fueran más o menos lo mismo, y en consecuencia todos seríamos hijos de Dios o al menos de algún dios, en una especie de fraternidad masónica universal.
Pero el Dios verdadero, el que es uno y trino y que murió en la cruz para redimir a la humanidad, es uno solo, bien distinto de todos los otros dioses, incluso el de los musulmanes o judíos con quienes compartimos las verdades del “Libro”.
Si bien el cristianismo hace suyas muchas doctrinas de las otras religiones, formando así un acervo cultural común, hay otras verdades que son exclusivas y lo diferencian.
Como afirma San Justino en sus Apologías: "El Cristianismo no ha venido a destruir nada, sino a engrandecer y perfeccionar todo. La Revelación no destruye el edificio intelectual levantado por los pensadores; antes, al contrario, consolida sus fundamentos y lo corona con un magnífico remate... Toda verdad que diga cualquier hombre nos pertenece a nosotros los cristianos, porque nosotros adoramos al Logos, que procede directamente de Dios".
Para decirlo de nuevo con palabras de Benedicto XVI: “El cristianismo primitivo llevó a cabo una elección purificadora: se decidió por el Dios de los filósofos en contra de los dioses de las otras religiones… Cuando hablamos de Dios nos referimos al ser mismo, a lo que los filósofos consideran como el fundamento de todo ser, al que han ensalzado como Dios sobre todos los poderes; ese es nuestro único Dios” (Introducción al cristianismo).
Pero retomando la opinión de Santo Tomás, considera que se puede expresar la filiación divina de tres diferentes modos:
Por creación (filiación común)
En un sentido muy amplio, toda la creación es hija de Dios, y en un sentido más específico todos los hombres somos hijos de Dios porque hemos sido creados por Él y hemos recibido su soplo divino. Y por supuesto, Dios ama en todos los humanos esa esencia que nos acerca a su naturaleza.
Según Santo Tomás: “El nombre de hijos de Dios no se aplica a las criaturas sino en cuanto participante de la semejanza de Dios… El hombre, por su naturaleza racional, es semejante a Dios, y por eso a todo hombre se le puede llamar hijo de Dios en cuanto es creado a imagen de Dios” (Suma Teológica, III, q. 23, a. 3).
Sin embargo, el mismo Aquinate aclaración después que la filiación propiamente dicha requiere ir más allá todavía, y necesita en sentido estricto una semejanza de naturaleza o de gracia que proviene del bautismo y de la fe, como claramente lo expresa San Marcos.
Cabe acotar que, si bien el amor divino por el hombre nos incluye a todos, ello no contradice el hecho de que quienes no tengan fe o sean pecadores serán condenados, ya que en Dios hay un equilibrio infinitamente perfecto entre el amor y la justicia.
Dentro de este contexto, decir que todos somos hijos de Dios no aporta nada concreto para la moral o la vida cristiana.
En efecto, se puede decir que incluso el Demonio, en tanta criatura, es amado por Dios e hijo suyo, lo cual no impide que esté en el infierno. Lucifer, el ángel portador de luz, se condena cuando se niega a servir a Dios diciendo: “Non serviam”. Todo lo contrario a la Virgen que se declara “Esclava del Señor” (Lc 1,38).
La expresión de rebelión también aparece en la Biblia para describir la desobediencia del pueblo de Israel hacia Dios, que lo tenía como su pueblo elegido, y en ese contexto es una metáfora de su idolatría y traición (Jer 2,20).
Por la gracia (filiación adoptiva)
El segundo modo según el cual, para el Aquinate, somos “hijos de Dios” en el sentido pleno es a través de la gracia santificante, el don divino que nos acerca a la santidad. Este concepto permite distinguir entre la humanidad en su totalidad y aquella parte de los hombres que están unidos a Cristo mediante el sacramento y el amor.
“Muchos son los llamados, pero pocos los escogidos” (Mt 22,14). Es falso que todos se salven, ya que, si bien muchos son llamados, no todos son escogidos, según palabras del mismo Cristo. Solo se salvarán quienes sean bautizados en el nombre de la Trinidad y perseveren en la fe.
Leemos en Romanos: “El Espíritu nos hace hijos, e hijos y coherederos con Cristo” (Rm 8,14-17), y en Gálatas: “Todos sois hijos de Dios por la fe” (Ga 3,26; 4,4-7).
Dice Santo Tomás: “La filiación adoptiva es una semejanza de la filiación natural, pero se da en nosotros por la gracia, no por la naturaleza… Por eso la filiación adoptiva pertenece propiamente a los que están unidos a Cristo por la fe y la caridad” (Suma Teológica, III, q. 23, a. 1).
El caso de Cristo (filiación natural)
En tercer y último lugar, el Doctor Angélico diferencia esencialmente nuestra relación con el Creador de su relación con Cristo, señalando que los humanos somos hijos “por participación”, mientras que Cristo es Hijo “por esencia”.
Al decir que somos hijos por participación se significa que el amor de Dios gratuitamente nos hace partícipes de su divinidad, sin que lo seamos por naturaleza, ya que seguimos siendo criaturas. Cristo, en cambio, es por su propia esencia Hijo de Dios, en tanto segunda Persona de la Santísima Trinidad.
Al respecto, aclara Santo Tomás: “Cristo es Hijo de Dios por naturaleza, según su divinidad; nosotros somos hijos de Dios por adopción, según la participación de la gracia” (Suma Teológica, III, q. 23, a. 2).
“Por la gracia santificante el hombre es hecho partícipe de la naturaleza divina y es adoptado como hijo de Dios” (Suma Teológica, I-II, q. 110, a. 2).
En plena continuidad con visión esta tomista, la Tradición Apostólica distingue claramente entre la paternidad de Dios por creación, que es universal y aplicable a todas las criaturas, y la filiación por la gracia, que es específica de los fieles cristianos.
La Iglesia Católica sostiene también que la misericordia divina es tan grande que excepcionalmente puede incluir entre los que se salven a algunas personas que, sin culpa propia, no hayan recibido el bautismo ni conozcan plenamente la verdadera religión, pero busquen sinceramente la verdad y obren conforme a su conciencia. Sin embargo, esto no puede tomarse como norma general.
Magisterio de los Papas
Muchos Papas se han expresado también en relación a esta problemática. Destacan entre ellos:
San Juan Pablo II, en Redemptor Hominis, enseña: «Mediante la gracia, el hombre es hecho 'hijo de Dios', participante de la naturaleza divina... El hombre, por el Espíritu Santo, llega a ser heredero de los bienes divinos, y el Espíritu mismo da testimonio de que somos hijos de Dios».
Benedicto XVI, en la homilía del 8 de enero de 2006, afirmó: «Por el Bautismo, el hombre no es solo una criatura, sino que se convierte en hijo de Dios. […] Solo a través de Cristo, el Hijo único, nosotros podemos llegar a ser hijos de Dios».
Francisco, en la audiencia general del 12 de junio de 2019, declaró: «Nadie es hijo de Dios de forma genérica: todos somos criaturas de Dios, pero el Espíritu Santo nos hace hijos e hijas de Dios en Cristo. Él es quien nos inserta en esta relación». Es muy importante esta declaración de Francisco, ya que varias veces ha generado desconcierto en la Iglesia a causa de expresiones suyas en sentido diverso.
Santos y Doctores de la Iglesia
Otros sabios de la Iglesia Católica han dado su docta opinión, coincidente, por supuesto con la Tradición Apostólica:
San Agustín (Sermón 121): «A los que creen en su nombre, les dio poder de llegar a ser hijos de Dios. Si somos hijos de Dios, es por la gracia, no por la naturaleza. Solo el Unigénito es hijo por naturaleza; nosotros lo somos por el tiempo, a través de Aquel que es antes de los tiempos».
San Atanasio de Alejandría, en De Incarnatione Verbi: “El Hijo de Dios se hizo hombre para que nosotros fuésemos hechos hijos de Dios”.
San Cipriano de Cartago, en Sobre la oración dominical: «El hombre nuevo, renacido y restituido a su Dios por su gracia, dice en primer lugar: 'Padre', porque ya ha comenzado a ser hijo».
San Josemaría Escrivá, en Es Cristo que pasa: «La filiación divina es una verdad gozosa, un misterio consolador. La filiación divina llena toda nuestra vida espiritual, porque nos enseña a tratar, a conocer, a amar a nuestro Padre del Cielo».
Catecismo de la Iglesia Católica
Finalmente, el Catecismo es muy preciso y revelador al respecto, ya que utiliza la palabra «adopción» para diferenciarla de la creación:
Dice en el ítem 1265: «El Bautismo no solo purifica de todos los pecados, hace también del neófito una 'nueva criatura', un hijo adoptivo de Dios que ha sido hecho 'participe de la naturaleza divina', miembro de Cristo, coheredero con Él y templo del Espíritu Santo».
Y en el ítem 2782: «Podemos adorar al Padre porque nos ha hecho renacer a su vida al adoptarnos como hijos suyos en su Hijo único: por el Bautismo nos incorpora al Cuerpo de su Cristo».
En síntesis, dejando aparte la filiación natural de Cristo, la filiación divina del hombre se entiende básicamente de dos maneras:
1. Como criaturas: Todos los seres humanos somos amados por Dios que es nuestro origen y fin, y poseemos una dignidad sagrada en cuanto hemos sido creados a su imagen, pero no somos verdaderamente hijos en sentido evangélico.
2. Como hijos adoptivos: Solamente mediante el bautismo y la profesión de la verdadera fe, los seres humanos pasamos de ser «siervos» o «criaturas» según el Antiguo Testamento, a ser formalmente y en plenitud «hijos en el Hijo» según el Nuevo Testamento, o “Unos en el Uno”, de acuerdo a la frase agustiniana de nuestro Papa León XIV.
Sobre el autor:
Carlos Prosperi es doctor en Ciencias Biológicas, licnciado en Filosofía y diplomado en Tomismo. Ejerce como profesor universitario de Biología y Epistemología
martes, 17 de febrero de 2026
CARLOS SACHERI
y el Orden Natural
POR JUAN MANUEL AUBRY
La Prensa, 17-6-2026
Vivimos tiempos de confusión, relativismo, donde todo vale por su cantidad de seguidores y “me gusta” en redes, y claramente, la Verdad no tiene mucha cabida en este espacio
A nuestro alrededor, el mundo moderno parece colapsar bajo el peso de su propia soberbia: la moral a conveniencia, la disolución de la familia, la tiranía del dinero y el estatismo asfixiante. En la universidad, en el trabajo y en la calle, nos bombardean con la idea de que Dios no existe -y si existe es pachamamesco-, de que la Patria es un concepto obsoleto –salvo la patria cartonera- y de que la Fe debe quedarse encerrada en la sacristía –excepto en la mezquita-.
Ante este caos, la tentación de la desesperanza es grande, más viendo que quienes tienen el deber de guiar, enseñar y santificar, se bajan los pantalones ante el poder para “no molestar”. Pero nosotros, que sabemos que sin sangre no hay redención, tenemos una obligación mayor. Tenemos el deber de volver a las fuentes, a aquellos maestros que vieron venir la tormenta y nos dejaron el mapa para navegarla.
Hoy, más que nunca, es imperativo volver a leer "El Orden Natural" de otro de nuestros mártires por Cristo Rey, el profesor Carlos Alberto Sacheri. No es un libro para dejar en la biblioteca juntando polvo. Es un manual de operaciones. Es el testamento intelectual de un hombre que pagó con su sangre la defensa de Dios y de la Patria. Al releerlo hoy, no busco teoría abstracta, sino axiomas para el día a día, principios rectores para no perder el rumbo en esta Argentina doliente.
“A nuestro alrededor, el mundo moderno parece colapsar bajo el peso de su propia soberbia: la moral a conveniencia”.
Aquí presento cuatro axiomas que consideramos fundamentales, extraídos de esta obra imprescindible para nuestra militancia cotidiana, entiendo la militancia como nos enseña la Escritura, militia est vita hominis super terram, y no la militancia partidocrática salamera que busca agrado de un tirano y el consecuente cargo en el kiosco.
1) La realidad es, no se negocia. El orden existe
El mundo moderno, infectado de liberalismo, marxismo y las frutas que surgen de estos torcidos árboles, nos quieren hacer creer que todo es una construcción social, que nosotros definimos qué es ser hombre o mujer, qué es el bien o el mal, pero ¡ay! De quien define según la biología y la moral tradicional. Sacheri nos despierta de ese sueño de soberbia: "El orden natural es anterior al hombre". No es un invento nuestro; es la huella de Dios en la creación. Viendo la mesa conocemos que hay carpintero, viendo la creación sabemos que existe Creador.
El axioma consecuente: No cedamos ni un centímetro en el lenguaje ni en las ideas. Cuando nos digan que la verdad es relativa, recordemos que las cosas tienen una naturaleza inmutable. Defender lo obvio (que la familia es hombre y mujer, que la vida es sagrada desde la concepción) no es ser "conservador", es ser realista. Nuestra primera rebeldía es llamar a las cosas por su nombre. “Llegará el día que será preciso desenvainar una espada por afirmar que el pasto es verde” nos dejó dicho Chesterton, hace rato que estamos haciendo duelo de floretes con la posmodernidad.
2) Ni la selva liberal ni la cárcel socialista
Los jóvenes, a menudo nos sentimos huérfanos entre una derecha liberal que solo adora al dios-mercado y una izquierda que busca la esclavitud estatal. Sacheri, con la claridad de Santo Tomás, nos muestra el camino real. Nos enseña que el liberalismo, con su "sano egoísmo", atomiza la sociedad y deja al débil a merced del fuerte, mientras que el socialismo, al negar la propiedad privada, nos quita la libertad y la dignidad personal.
El axioma consecuente: La economía debe estar subordinada a la política, y la política a la moral. Defendemos la propiedad privada, sí, pero no como un fin absoluto, sino como herramienta para la libertad familiar y con una hipoteca social. En nuestro trabajo o emprendimiento, no busquemos el lucro por el lucro. Demos buscar “en todo amar y servir”, crear comunidad y fortalecer la independencia de nuestras familias frente al Estado y las finanzas internacionales.
3) Reconstruir desde abajo: La verdadera participación
Nos han vendido una democracia falsa, una "partidocracia" donde nuestra participación se reduce a votar cada dos años por listas de sábanas que no conocemos. Sacheri nos recuerda el principio de subsidiaridad: lo que puede hacer el grupo menor, no debe absorberlo el mayor. La sociedad no es una masa de individuos frente al Estado, sino un tejido rico de familias, municipios, grupos y asociaciones profesionales.
El axioma consecuente: La verdadera política empieza en las células básicas. Antes de querer ser diputado, hay que ser un buen padre, un miembro activo de tu consorcio, un delegado honesto, un líder en tu club. Reconstruir el tejido social destruido por el individualismo es la base de la restauración nacional. El orden no se impone por decreto desde arriba; se construye orgánicamente desde abajo. Tenemos ejemplo de trabajo en nuestro beato Enrique Shaw.
4) La cruz y la
espada. coherencia de vida
Quizás lo más impactante de revelar a Sacheri es recordar que él no separaba su fe de su vida pública. Nos advierte contra el error de pensar que la religión es un asunto privado sin consecuencias sociales. El orden natural es el cimiento, pero Cristo Rey es la cumbre.
El axioma consecuente: No existe el "católico a medias". Nuestra milicia es vana si no está sostenida por la Gracia. La batalla cultural es, en el fondo, una batalla espiritual, una guerra de altares. Sacheri fue asesinado frente a su familia al volver de Misa. Su fue coherencia total. La nuestra debe aspirar a lo mismo: formarnos, vivir en gracia y no tener miedo de confesar nuestra Fe en la universidad o en la plaza pública. Nuestro martirio seguramente no sea con leones, sino con un “escrache” mediático, precio a pagar por el reinado de Cristo.
"Releer a Sacheri es recordar que él no separaba su fe de su vida pública. El orden natural es el cimiento, pero Cristo, la cumbre".
ENTONCES…
"El orden defiende al hombre y el hombre al orden" nos recuerda a Mons. Tórtolo prologando la obra. Hoy, ese orden está bajo ataque, es invertido. Releer este libro no es un ejercicio de nostalgia; es afilar la espada. Querido amigo, léelas, estúdialas y, sobre todo, vívelas. Porque la Argentina no se salvará con discursos vacíos, sino con hombres y mujeres que, ordenados por dentro y sostenidos por la Gracia, sean capaces de restaurar el orden natural por fuera y el reinado social de Cristo
Hoy más que nunca, ¡Carlos Alberto Sacheri, presente!