sábado, 7 de abril de 2012

Guerra justa y Malvinas (*)



Para abordar este tema hace falta, en primer lugar, distinguir la guerra de otros conceptos relacionados, como conflicto y lucha. El conflicto manifiesta una oposición, que no necesariamente deriva en agresión violenta, y la lucha hace referencia a un esfuerzo por superar obstáculos -así se habla de lucha contra el hambre, etc.-; ni la lucha ni el conflicto pueden analogarse con la guerra. Otra aclaración necesaria, es que la guerra es un fenómeno colectivo, y, por lo tanto, difiere de la riña y el duelo, que son enfrentamientos violentos entre dos o pocas personas.
La guerra es una lucha armada entre dos bandos humanos rivales, que tratan de imponer al adversario un objetivo por el medio violento de la fuerza militar. Las causas de la misma, pueden ser de distinto tipo: ambición de dominio, motivos dinásticos, motivos económicos, motivos religiosos, entre los más comunes. Aunque en la actualidad, lo normal es que se dé una sumatoria de causas. Esto y las consecuencias dolorosas de todo enfrentamiento bélico, explican que la guerra sea un fenómeno social complejo, que se puede estudiar desde distintas perspectivas.

Podemos reducir las actitudes ante la guerra, a dos principales: la belicista y la cristiana. El belicismo es una actitud extrema, favorable a la guerra, de la que hace una apología, llegando, en algunos casos, a una exaltación mística. Es inadmisible la idea de que la guerra constituya un bien para la humanidad. La experiencia demuestra que es fuente de males, materiales y espirituales.
Es también inadmisible el principio político de que el poder es el fin del Estado. El poder es sólo un medio para el Bien Común, que es el verdadero fin del Estado. Y para lograr el Bien Común, es necesario limitar el poder del Estado, y del gobernante, para evitar abusos, en el plano interno y en el plano internacional. El Estado no está ubicado en un plano metamoral, y necesita de la ética para lograr la justicia.
El belicismo obra a modo de profecía autocumplida, pues es una de las causas que conducen a la guerra. En efecto, al caer los frenos morales, los gobiernos creen que no son responsables de la guerra, al considerarla un fenómeno natural.

La actitud cristiana ante la guerra, se fundamenta en:
• La guerra es una cuestión moral y jurídica, no un fenómeno natural. Siempre la decisión bélica es una decisión humana.
• Todo gobierno debe procurar la paz. La guerra es el último recurso para resolver un conflicto grave. En el cristianismo no hay exaltación ni apología de la guerra. Pero, cuando a San Juan Bautista le consultaban los soldados del Imperio que se convertían, no les exigía abandonar su profesión, sólo les recomendaba: “No hagáis extorsión a nadie, ni uséis de fraude, y contentaos con vuestras pagas”. (Lc, 3,l4)

La doctrina cristiana de la guerra nace con San Agustín, y es Santo Tomás quien compendia la tradición sobre esta materia, fijando cuatro condiciones para que sea admisible una guerra:
l. Autoridad competente. Esto significa que la decisión de emprender una guerra no la pueden tomar los particulares, es una decisión pública. Se vincula con el concepto de soberanía; los particulares pueden recurrir a una autoridad que dirima los conflictos que surjan entre ellos, el Estado no tiene superior. La soberanía implica la autoridad suprema sobre un territorio determinado, por ello un ente soberano no tiene a quien acudir para que se restablezca la justicia.

2. Recta intención. La decisión de ir a la guerra debe ser honesta, no impulsada por el odio ni la ambición de los gobernantes. Y, por ser tan delicada esta decisión, Francisco de Vitoria sostenía que no debía quedar a merced del Príncipe, de modo exclusivo. Por el contrario, requería el refrendo de sus consejeros; además, recomendaba que se consultara con los sabios. De esa forma, se reduce el riesgo de actitudes pasionales.

3. Medios lícitos. Expresa la Convención de La Haya que las partes beligerantes no tienen un derecho ilimitado en la elección de los medios para combatir al enemigo. También el cristianismo sostiene que el fin no justifica los medios. Para determinar los medios lícitos, el Derecho Natural aporta orientaciones:
• Principio de finalidad: el fin de la guerra es vencer al enemigo para lograr imponerle una paz justa. Pero, entonces, no puede justificarse la violencia inútil, que no contribuye al resultado, como el ataque a civiles no combatientes, a mujeres y niños.
• Principio de humanidad: la guerra no suspende la vigencia de los derechos humanos. Por ello, aún en situación de guerra, no pueden justificarse actos de crueldad como la tortura o el asesinato de prisioneros.
• Principio de fidelidad: para que sea posible una guerra exenta de crueldades y se pueda lograr una paz justa, es imprescindible el respeto a las normas internacionales y a los compromisos que se contraigan entre los países combatientes. “Pacta sunt servanda”, es una frase utilizada en el derecho internacional que significa que los pactos deben ser cumplidos.

4. Causa justa. En primer lugar, se requiere que el adversario haya cometido injusticia, es decir que haya violado algún derecho. Violación del derecho, sobre la que debe haber certeza, ya que la suposición no es suficiente. Además, la violación debe ser obstinada: una ofensa que el adversario no esté dispuesto a reparar por vía pacífica.
En segundo lugar, se requiere que la violación o injuria sea grave. Vitoria lo expresa así: “No es lícito castigar con la guerra por injurias leves a sus autores, porque la calidad de la guerra debe ser proporcional a la gravedad del delito.”
“Porque las guerras deben hacerse para el bien común, y si para recobrar una ciudad es necesario que se sigan mayores males a la República(...), en este caso no cabe duda que están obligados los príncipes a ceder su derecho y a abstenerse de hacer la guerra.”

Dijimos que para el cristianismo la guerra es admisible en determinadas situaciones, lo que lo diferencia del pacifismo, exaltación de la paz a cualquier precio. El cristianismo no es pacifista, puesto que admite la licitud de la profesión militar y la contribución ciudadana a las fuerzas armadas (CIC, nºs. 2308 y 23l0).
Es que la paz -según la clásica definición de San Agustín- es la tranquilidad en el orden; y no puede haber orden sin justicia. Por eso afirmaba Juan Pablo II: “No somos pacifistas, queremos la paz, pero una paz justa y no a cualquier precio” (18-2-1991). Y, en otra oportunidad el Santo Padre aclaró: “Los pueblos tienen el derecho y aún el deber de proteger, con medios adecuados, su existencia y su libertad contra el injusto agresor” (1-1-1982).

La realidad del mundo contemporáneo caracterizado por la interdependencia de los países, agrega una nueva exigencia a cumplir, antes de iniciar una acción bélica, que es consultar a la comunidad internacional buscando su mediación, para solucionar por vía diplomática los conflictos.
Sin embargo, el Catecismo aclara que: mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de la fuerza correspondiente, una vez agotados todos los medios de acuerdo pacifico, no se podrá negar a los gobiernos el derecho a la legitima defensa (2308).

La doctrina resumida nos sirve de guía para evaluar contiendas bélicas concretas. Podemos afirmar, sin temor a errar, que la guerra contra Irak fue manifiestamente injusta. En cambio, como lo ha demostrado el Prof. Alberto Caturelli, la guerra de Malvinas cumple todos los requisitos que fija la doctrina para ser considerada una guerra justa.
En efecto, “cuando Inglaterra, en 1833, agredió nuestro derecho efectivamente ejercido sobre las Malvinas …usurpando la posesión de las mismas, cometió un acto de tal naturaleza que siguió agrediendo a la Argentina todo el tiempo, durante casi un siglo y medio”.
“Por eso, Inglaterra puso entonces (no en 1982) la causa de guerra justa de parte de la Argentina”.
“La Argentina, dadas ciertas circunstancias concretas y ante los signos inequívocos del usurpador de no tener voluntad de restituir las islas, decidió retomar lo que siempre fue suyo”.

Frente a los hechos, se han emitido interpretaciones diferentes sobre la decisión de iniciar la guerra, incluso desde el campo militar.
-Muestra de incompetencia: Gral. Balza
-Aventura militar: Informe Rattenbach

Analicemos los hechos:
El conflicto bélico de 1982 se origina, no en Malvinas, sino en el archipiélago de las Georgias del Sur, el 19 de marzo cuando desembarcó en Puerto Leith, en la Isla San Pedro, del grupo de las Georgias, un grupo de 41 obreros argentinos, contratados por el empresario Davidoff, para desguazar instalaciones balleneras, operación autorizada por el embajador británico. Este grupo viajó en el buque Bahía Buen Suceso, que era un transporte de la Marina, dedicado a operaciones comerciales, y en el que no había personal militar ni armas de guerra.
El contrato molestó al gobernador Hunt, vinculado al Comité de las Islas Malvinas (lobby), pues:
-el único buque de la marina, rompehielos Endurance, dejaría el área en mayo
-en junio 82 la Oficina Investigaciones Antárticas británica abandonaría las Georgias (Gritviken)
-los obreros argentinos con contrato hasta el 84 serían la única presencia en las islas.
Por eso exigió la expulsión del grupo de argentinos, con el argumento de que no había hecho sellar las tarjetas blancas que se usaban habitualmente para viajar a Malvinas, según el acuerdo de 1971.

El Canciller Dr. Costa Méndez, pidió que la expulsión se revocara si Davidoff ordenaba a sus empleados completar la formalidad de ir hasta Gritviken y hacer sellar las tarjetas. El embajador estuvo de acuerdo, pero Hunt sostuvo que las Georgias no estaban incluidas en el acuerdo de 1971 y que debían sellarse los pasaportes.
Cabe destacar que la presencia de estos argentinos no representaba ninguna amenaza: primero, porque no eran militares, y la segunda porque en Georgias no había población, sólo estaba el personal de investigaciones antárticas, y en otra zona. Fueron los propios británicos quienes convirtieron el asunto de las Georgias en un incidente.
El 29, la primera ministra Margaret Thatcher decidió el envío de un submarino nuclear a la zona de conflicto. El 30 la situación comienza a descontrolarse; en Londres el ministerio de Defensa decide duplicar el numero de infantes de marina de la guarnición de Malvinas, y confirma la orden de enviar un segundo submarino nuclear.

El gobierno argentino no podía aceptar las exigencias de desalojar a los obreros de Davidoff que estaban cumpliendo un contrato legalmente formulado, ni obligarlos a presentar sus pasaportes, pues:
-estaban en un territorio en disputa
-se habían cumplido todas las formalidades establecidas
-admitir el uso de pasaportes era aceptar la pretensión británica de soberanía sobre las islas Georgias.

Si nuestro país hubiera tolerado el desalojo por la fuerza, o hubiera accedido a evacuar a los obreros bajo amenaza, o hubiera aceptado el visado de pasaportes, ello habría significado una verdadera abdicación del derecho de soberanía sobre el Atlántico sur, por aplicación de la doctrina conocida como “stopell” (reconocimiento tácito de derechos).
Ya no había alternativa válida para la Argentina, que se vio obligada a ejercer el derecho a la legítima defensa, previsto en la Carta de las NU, art. 51, en caso de ataque armado, hasta tanto el Consejo de Seguridad tome las medidas adecuadas para mantener la paz. El Fiscal de la Cámara Federal, que juzgó a los Comandantes en Jefe, afirmó que: “La Argentina, pues, no agredió, fue agredida”; concepto ratificado por la Cámara en su pronunciamiento.

Con motivo de celebrarse los 30 años de la gesta de Malvinas, conviene difundir la verdad de lo ocurrido en la guerra y no dejar pasar afirmaciones que inducen a la confusión o a la duda. Los errores y debilidades propias deben ser reconocidos, pero no debe permitirse la diatriba ni la calumnia sobre las reales motivaciones de una guerra que la Argentina no provocó imprudentemente y que una vez desatada supo afrontar con entereza. Como sostuvo quien comandara la Marina en esa circunstancia:
“Felizmente, no prevalecieron mezquindades ni especulaciones. Por el contrario, siguiendo la línea de los grandes hechos fundacionales, al adoptar la resolución de resistir al usurpador, la Argentina se ponía de pie y mostraba al resto del mundo que, aún frente a la arrogancia de los poderosos, conservaba su vocación de nación independiente”.

(*) Exposición en las “Jornadas de Homenaje a la Gesta de Malvinas 1982-2012”, efectuada en la Legislatura de Córdoba, los días 9 y 10 de abril de 2012.

Fuentes:
Caturelli, Alberto. “Recuperación de las Malvinas Argentinas. Noción de Guerra Justa”; Secretaría General del Ejército, 1982.
Meneghini, Mario. “Dos guerras argentinas”; Centro de Estudios Cívicos, 2010.


Boletín Acción Nº 144
















domingo, 1 de abril de 2012

Dos comentarios sobre la guerra de Malvinas, a propósito de los 30 años del 2 de abril



No hubo militares en el grupo de Davidoff

En un artículo del Diario Alfil, de Pablo Dávila (1), este sostiene que entre los obreros que desembarcaron en las Georgias el 19 de marzo de 1982, hecho que precipitó la guerra con Gran Bretaña, se habían introducido Infantes de Marina. Es una afirmación que no está respaldada por ningún documento, y contribuye a confundir sobre la limpieza de procedimientos que existieron por parte de la Argentina, que sólo ejerció el derecho de defensa en Malvinas, sin haber provocado la guerra con acciones imprudentes como la que se le endilga gratuitamente en dicho artículo.


La mejor prueba de lo que afirmamos, es el Informe Franks, confeccionado por una comisión especial y presentado al Parlamento británico con un análisis detallado sobre el conflicto de Malvinas. Allí se afirma expresamente: “A pesar de los estrechos contactos que el Sr. Davidoff mantenía con algunos oficiales superiores de la Armada Argentina, no se consideraba que el desembarco no autorizado formara parte de los planes de la Armada” (2).

(1) “Un éxito táctico, pero un enorme error estratégico”, Diario Alfil, 30-3-12, p. 3.
(2) Informe Franks, Ediciones del Mar Dulce, 1985, p. 118.

La Argentina no estaba condenada a perder la guerra de Malvinas

El Dr. Rosendo Fraga, en un artículo publicado en Clarín (1), discrepa con la tesis de un documental del Canal 5 de Londres que sostiene “que Argentina pudo haber ganado la guerra y que si no lo hizo fue por una combinación de mala suerte y una artillería y munición con fallas”. Afirma Fraga que ”la relación de fuerzas en lo estratégico definió el resultado desde que EEUU decidió apoyar militarmente al Reino Unido”. Esto coincide con la conclusión del Instituto de Estudios Estratégicos de Londres: hasta el día 13 de abril, la Argentina tuvo posibilidad de triunfo.

Por cierto que la Argentina no podría ganar una guerra total a un país como Gran Bretaña; pero desde la última guerra mundial, ya no existen conflictos bélicos integrales. Además, el objetivo de ocupar Malvinas era concreto y factible: ocupar las islas para negociar. Se preveía que las negociaciones tendrían el apoyo de las Naciones Unidas y de Estados Unidos; esto último no era una suposición ingenua: en la noche misma del 2-4 hubo una cena en la embajada argentina en Washington, a la que asistieron la embajadora Kirkpatrich, la plana mayor de la secretaría de Estado, y jefes militares, a tal punto que el embajador británico dijo que era un agravio para su país.


Con respecto a la posibilidad de que las NU exigieran un acuerdo, había varios antecedentes; el más relevante fue la ocupación por Nasser (Egipto) del Canal de Suez, en 1956, habiendo presionado el organismo internacional para que Gran Bretaña y Francia no atacaran a Egipto, que desde entonces se quedó con el canal.
Otro antecedente destacable es que en diciembre de 1976, 6 años antes de la guerra, la marina instaló un observatorio en las islas Thule (Sandwich), y GB sólo envió una nota de protesta, sin tomar ninguna otra medida.

Con respecto a la posibilidad de ganar la guerra localizada en esta zona, ello no era imposible, puesto que Gran Bretaña no empeñó todos sus recursos militares, y dependía de numeros factores para actuar a mucha distancia de su territorio. Con motivo del fallecimiento del General británico Jeremy Moore, comandante de las tropas inglesas en Malvinas, se supo que este militar recordó en una entrevista el miedo que sintió el 14 de junio de 1982, de que la Argentina no firmara la rendición, y que, por eso, le permitió al Gobernador argentino, General Menéndez, tachar la palabra incondicional, antes de firmar (2). Manifestó que: “Era muy consciente de que los argentinos son un pueblo orgulloso y que el honor militar tiene mucha importancia para ellos, por lo que temía que ese término hiciera que se rehusaran a firmar el documento”.
La preocupación de Moore se fundaba en que el Alte. Woodward, jefe de la flota, le había dicho que si no llegaba a Puerto Argentino para el día 14, lo iban a sacar de la isla; por eso, fue a conversar con Menéndez, “como quien va a jugar al póker con una mano pobre de naipes” (La Prensa, 1-4-86).

Es lamentable que a 30 años de la guerra, y siendo que la misma es estudiada en los institutos militares de todo el mundo, por la valentía y eficiencia que demostraron nuestros soldados, los argentinos caigamos en la autodenigración.

(1) ¿”Se podría haber ganado la guerra de Malvinas”?, Clarín, 31-3-12
(2) La Mañana de Córdoba, 18-9-07.










jueves, 29 de marzo de 2012

Jornadas de Homenaje


“GESTA DE MALVINAS”
1982 – 2012


Objetivo: analizar la guerra del Atlántico Sur, desde distintas perspectivas, procurando la mayor objetividad y la defensa del interés nacional.

Organiza: Centro de Estudios Cívicos
Auspicia: Bloque Encuentro Vecinal Córdoba
Coordinación: Gabriela Fiori
Lugar: Sala Regino Maders – Legislatura de Córdoba (Deán Funes 94)

Lunes 9 de abril (17,30 a 20 horas)


1er. Panel: experiencias de la guerra
Sub. My. (R) VGM Raúl Ibañez

Tte. (Res.) VGM Terciano Zampieri
Capitán de Navío (R) VGM Pedro Luis Galazi
Brigadier (R) VGM Rodolfo Savoia

Martes 10 de abril (17 a 20 horas)


2do. Panel: evaluación ética y jurídica
Dr. Mario Meneghini
Dr. Diego García Montaño


3er. Panel: evaluación de las operaciones militares
Comodoro (R) VGM Roberto Briend
General de Brigada (R) VGM Hernán Garay


Conclusiones: Legislador Dr. Aurelio García Elorrio

Entrada libre



lunes, 26 de marzo de 2012

Cuestionable subsidio a ex presos políticos



1. La Legislatura de la provincia de Córdoba sancionó este proyecto (8673-L-12) que abordó una cuestión delicada, que es motivo de frecuentes controversias en la sociedad argentina, por lo que debería haberse extremado la prudencia en el tratamiento del tema, y procurar la mayor precisión del texto a debatir en la Legislatura.

2. Se dispuso crear un subsidio honorífico denominado “reparación provincial a ex presos políticos de la dictadura”, consistente en una pensión mensual, vitalicia y hereditaria, de 3.000 pesos (dos jubilaciones mínimas). Podrán acceder a la misma, quienes acrediten haber permanecido detenidos por causas políticas, en la provincia de Córdoba, más de un año, entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983.

3. Tengamos en cuenta, que el vocablo honorífico alude al honor, que es una cualidad moral, por consiguiente no basta que una persona haya sufrido cárcel para considerar que merece una reparación honorífica.
En la reunión de Comisión del día 13 de marzo, el representante de SERPAJ, objetó la calificación de beneficiario a quienes recibirían el subsidio, alegándose que no se trata de una concesión a otorgar, sino del reconocimiento de un derecho a recibir una compensación por el perjuicio sufrido, lo que acentúa la necesidad de excluir a quienes no lo merezcan.

4. El proyecto no cree necesario definir el concepto de preso político, limitándose en el Art. 3º a fijar como requisito para ser encuadrado en esta categoría, “haber sido detenido por causas políticas”.

5. No puede equipararse, nos parece, a quienes hayan sido detenidos exclusivamente por causas políticas –Vg.: discursos, escritos, actos, integrar entidades con finalidad política, o simple relación familiar o amistosa con personas imputadas de actos subversivos- con quienes hayan sido procesados e incluso condenados por delitos.

6. Por consiguiente, debería haberse especificado el alcance preciso de la expresión preso político, que podría incluir, por ejemplo, a quien haya sufrido cárcel sin haber sido imputado o procesado en debida forma, y no haber tenido derecho a defensa.

7. Existe el antecedente funesto de la Ley nacional Nº 24.906 (1997), que en su Art. 2º dispone incluir en los beneficios otorgados por la misma, a las personas que “hubiesen tenido proceso o condena judicial”.

8. Además de la ley citada, se han promulgado otras que han concedido reparaciones a personas privadas de su libertad, o sufrido otros perjuicios: 24.043, 24.411, 25.914 y 26.564. Por ello, no queda claro lo expresado en los Fundamentos del proyecto, que manifiesta que, a pesar de esa legislación, “no son pocos quienes por distintas causas no están comprendidos en las leyes nacionales, siendo que han sido también víctimas de la cárcel por causas políticas”.

9. En una reunión de los organismos de derechos humanos con el Gobernador se expresó que este beneficio alcanzaría a unas 650 personas (La Voz del Interior, 3-3-12); cuesta imaginar cuáles puedan ser las causas que no les permiten acogerse a lo dispuesto por las leyes nacionales. Tenemos derecho a dudar que dichas personas se encuadren en lo manifestado en el punto 6, y por lo tanto, no serían dignas de recibir del Estado un subsidio honorífico.

10. Para la acreditación de los hechos que puedan haber generado una prisión ilegal, debería establecerse un procedimiento como el previsto en el Art. 3º de la Ley nacional 24.411, a efectos de probar con los respectivos antecedentes judiciales o administrativos, la situación alegada.

11. Aceptar, como sostienen algunos dirigentes de derechos humanos –y queda implícito en el texto de esta ley- que el solo hecho de haber existido en el período comprendido por la misma, un gobierno de facto, ello justificaba hechos de violencia criminal, y por lo tanto que a quienes fueron detenidos se los debe indemnizar, otorgándoles un subsidio honorífico, representa un precedente de gravedad mayúscula.

Boletín Acción Nº 143, 25-3-12

lunes, 5 de marzo de 2012

Programa de Difusión de la Doctrina Social de la Iglesia



La “Cátedra Juan Pablo Magno”, que dirige el P. José Cuesta SDB, realizará reuniones mensuales destinadas al análisis de los principales documentos sociales pontificios, con la coordinación del Dr. Mario Meneghini.


En el año 2012, los documentos a estudiar son los siguientes: Rerum Novarum – Humanum genus - Quadragessimo Anno – Divini ilus magistri – Notre charge apostolique - Benignitas et humanitas – Mater et magistra – Pacem in terris – Humanae vitae – Populorum progressio – Solicitudo rei socialis – Laborem excerces – Octogessima adveniens – Libertatis nuntius – Christifideles laici -Centesimus annus – Caritas in veritate.


La primera reunión se hará el sábado 17 de marzo, desde las 10 horas, en nuestra sede, Av. Colón 1067 (Parroquia María Auxiliadora), siendo la entrada libre.


miércoles, 8 de febrero de 2012

Una decisión presidencial cuestionable




Ayer, la Sra. Presidente anunció una medida de gobierno que consideramos atenta contra el interés nacional. Nadie podría negar que en la guerra de Malvinas se cometieron errores, y para eso debería servir el Informe Rattenbach. Pero su contenido debería estar reservado a las autoridades del Estado y las conducciones militares, no divulgarse como un panfleto que servirá para desacreditar aún más a nuestras Fuerzas Armadas. En Gran Bretaña se dispuso el secreto por 90 años para los detalles de la guerra; en Argentina lo que haya de criticable en la actuación de nuestra tropas quedará expuesto públicamente. No es más que una nueva etapa de la desmalvinización, que comenzó ni bien terminada la contienda. Realmente lamentable.


Acompañamos a la transcripción de la noticia, una nota de Abelardo Ramos, y un detalle poco conocido: que el presidente de la comisión Rattenbach habría votado en contra del informe que lleva su nombre.

Mario Meneghini
8-2-12

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Argentina denunciará una militarización

. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner le pidió ayer al premier británico, David Cameron, que “le dé una oportunidad a la paz”. Lo dijo tras anunciar que instruyó al canciller Héctor Timerman para que denuncie ante el Consejo de Seguridad y la Asamblea de las Naciones Unidas “la militarización del Atlántico sur” por parte del Reino Unido de Gran Bretaña.

El acto que ayer se realizó en la Casa Rosada empezó con la Presidenta firmando un decreto por el cual se desclasifica el llamado Informe Rattenbach , un trabajo hecho en 1983 por una comisión militar que analizó las responsabilidades y desempeños durante el conflicto bélico en las Islas Malvinas.
….
Ayer, Cristina Fernández de Kirchner firmó el decreto por el cual se forma una comisión que analizará –por 30 días– el Informe Rattenbach . Junto al vicepresidente, Amado Boudou, se sentó el coronel Augusto Benjamín Rattenbach (hijo), que será quien encabece la comisión anunciada.

“Este decreto termina con el último secreto de Estado, y corre un velo sobre un hecho trascendental para los argentinos; se cierra un círculo que habla sobre la irresponsabilidad en términos estrictamente militares”, dijo Cristina Fernández de Kirchner.

……

El informe Rattenbach es el trabajo realizado por una comisión especial creada por el último gobierno militar que analizó el desempeño de las conducciones de las Fuerzas Armadas en la Guerra de Malvinas. El trabajo tomó el nombre del teniente general Benjamín Rattenbach, que presidió el cuerpo. La versión que circuló del informe secreto fue modificada por los militares acusados para intentar atenuar sus castigos.

Lo que se dice. El informe divulgado establece que “la Junta Militar realizó un planeamiento defectuoso al no contemplar la posible reacción británica. No existía un plan para la defensa de las Islas en caso de que el Reino Unido decidiera recuperarlas por la fuerza”, como ocurrió.

Los medios y la gente. Señala el informe que luego del desembarco argentino en las Islas, el 2 de abril, “su pudo apreciar que la reacción popular fue la de acompañar sin retaceos la decisión de la Junta Militar, mientras los medios de comunicación, con su efecto multiplicador, contribuyeron a una pérdida generalizada de la objetividad”.

La Voz del Interior, 8-2-12

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El Informe Rattenbach


Vendido a Mayor Precio que su Valor Verdadero

La comisión Rattenbach pide la pena de muerte para los tres oficiales que decidieron la ocupación de las Malvinas. El pedido pinta de cuerpo entero a Rattenbach y colegas. Y pensar que pasaron largos años de sus carreras cantando el Himno ante todos los mástiles de la República para pedir calma, finalmente, cuando llegó la hora de marchar y morir. Ahora dicen que se trata de una "aventura militar inoportuna". ¡Y la Nación ha gastado montañas de buenos sueldos para empollar generales herbívoros, que tiemblan ante Occidente y sólo piden muerte o prisión perpetua para sus camaradas!. Sin embargo, detrás de las penas que piden para Galtieri está el propósito de enterrar para siempre la memoria colectiva el hecho prodigioso e imborrable de que luchamos en desigualdad de condiciones con los dos imperios más poderosos y pérfidos de la tierra.

Triste misión la de Rattenbach. Con los chismes de Casino, y acopio de errores técnicos, improvisación, cobardía, -en suma, gajes de toda guerra-, quieren sepultar, con la benevolencia de la "opinión mundial", a los jóvenes héroes que enrojecieron con su sangre el mar austral y eclipsar el giro espectacular de la perdida conciencia nacional de toda la América Latina, puesta de pie cuando tronaron los cañones de la Argentina.
Esa es la victoria política que obtuvimos sobre Gran Bretaña y es justamente esa victoria la que desean nublar estos tristes redactores del informe Rattenbach. No me extraña en absoluto. ¿No es el mismo Brigadier Rey que firmó el decreto como integrante de la dictadura de Lanusse, otorgando a la Reina de Gran Bretaña el laudo para resolver el problema del Beagle? Ahora pretende condenar a muerte a los que guerrearon contra Inglaterra. "Vaya usted a hacer Patria con esa gente", dijo Bolívar, refiriéndose en su tiempo a sujetos semejantes.

El imperialismo mundial, simulador incesante de las "formas democráticas", quiere poner la mano sobre nuestro uranio enriquecido, que nos sitúa como el único país del Tercer Mundo que se encuentra en el umbral de la revolución científica y tecnológica de nuestra época, si sabemos avanzar más allá; y quiere apoderarse de nuestras empresas estatales para cobrarse la deuda externa.
El informe de Rattenbach se incluye, lo sepan o no deplorables autores, en esa campaña mundial para inferiorizar a los argentinos.
Pero no van a prevalecer, me atrevo a asegurarlo.

JORGE ABELARDO RAMOS

Noviembre 23 de 1983.-

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Malvinas: el informe Rattenbach
Taninga.net

Este informe no estuvo librado de polemica, incluso de parte del propio Rattenbach en un encuentro que tuvo con el general Jose María Diaz.
A mediados de mayo de 1984, Rattenbach, que murió el 8 de octubre de ese año, fue a la casa del general de división José María Díaz, flamante vocal del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, y le entregó una autocrítica de su informe.


Allí parecía estar preocupado por la suerte de algunos oficiales y porque el Ejército quedara como el pato de la boda en el conflicto. Aparece como indulgente con varios jefes, entre ellos el general Mario Menéndez, ex gobernador de Malvinas. Sus dichos al general Díaz y el documento autocrítico con anotaciones de puño y letra de su autor, fueron recogidos por el general Enrique Ottino en un trabajo publicado por el Instituto de Historia Militar Argentina en 1997. El documento incluye un peritaje de la letra de Rattenbach. Allí se afirma que Rattenbach hizo saber a Díaz "su preocupación por la suerte de varios oficiales de infantería" y que señaló su "imposibilidad de gravitar en la redacción del Informe, pues su opinión era neutralizada por la mayoría de los restantes componentes de la Comisión".


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