heridas viejas, memorias nuevas
Por José Luis
Milia
Informador
Público, 6-10-2026
Para monseñor
García Cuerva
Leí en La Nación
del sábado sus declaraciones después de la misa del 2 de octubre referidas a lo
que encontrará el Santo Padre cuando llegue a Argentina; por ello, me permito
una reflexión que, espero, no hiera más que la verdad misma. Usted habló de
grietas, heridas, intolerancias y descalificaciones. Un catálogo impecable de
calamidades nacionales. Pero, como diría Chesterton, “la mitad de las tragedias
modernas consiste en que quienes las describen olvidan que también son
protagonistas”.Referencia geográfica
Usted lamenta la
grieta. Yo también. Pero me pregunto- con la ingenuidad del feligrés que aún
quiere creer en las homilías diocesanas- qué han hecho ustedes para cerrarla.
Porque la grieta no nació ayer, ni anteayer, ni hace dos años, cuando la
Iglesia argentina descubrió súbitamente que el país estaba dividido. La grieta
viene de décadas, y los pobres también. Lo curioso es que la indignación
episcopal tiene la exactitud de un reloj, empieza cuando cambia el gobierno y
termina cuando conviene olvidar quién multiplicó la pobreza y la inflación con
devoción casi litúrgica.
Usted dice que el
Papa encontrará “una Argentina herida”. Permítame una pregunta: ¿qué lugar
ocuparían ustedes en la parábola de la vid? Porque si uno escucha ciertas
homilías que parecen editoriales, ciertas admoniciones que suenan a comité
político, ciertas lágrimas que se derraman sólo cuando el poder deja de ser
amigo, empieza a sospechar que algunos pastores han decidido convertirse en los
viñadores que mataron al Hijo. No por maldad, sino por esa torpeza espiritual
que confunde el Reino de Dios con la agenda del día.
Usted habla de
“hermanos pobres desde hace muchos años”. Es cierto. Pero sería más convincente
si la preocupación hubiera sido pareja, constante y valiente, incluso cuando el
poder que empobrecía era celebrado en los atrios. La memoria selectiva es un
sacramento extraño, se administra con fervor, pero sólo hacia adelante.
Cuenta Ud. que su
abuelo le decía que la Argentina iba a salir adelante cuando usted creciera.
Usted ya creció, dice, y la Argentina sigue igual. Tal vez sea hora de
preguntarse si la Argentina no necesita menos diagnósticos episcopales y más
coherencia pastoral; menos lamentos y más valentía; menos homilías sobre la
grieta y más reconocimiento de que, durante años, ustedes la regaron como quien
riega un jardín que no quiere que se seque.Referencia geográfica
Con respeto,
Monseñor, pero también con la ironía que exige la verdad, permítame decirle que
la grieta no se cura con palabras, y mucho menos con palabras que llegan tarde
y desde púlpitos que, por momentos, parecen tribunas.
Ea. El Recadito, 4
de octubre de 2026; fiesta de san Francisco de Asís